Opinión: El rey está desnudo

Cuando los políticos no se inhiben en pedir sobornos incluso en medio de la megacausa Lava Jato, se pierde la capacidad de dimensionar cuán podrido está el sistema, opina la editora jefe de DW Brasil, Francis França.

El gobierno de Temer está envuelto en una serie de escándalos, con buena parte de su gabinete investigado por la operación Lava Jato. Pero hasta ahora la figura del presidente parecía blindada a las acusaciones. Esto cambió este jueves, con las revelaciones que indican que Michel Temer habría avalado el pago de sobornos a cambio del silencio del expresidente de la Cámara, Eduardo Cunha.

Con estas nuevas revelaciones, Temer debería perder su bien más preciado: el apoyo en el Congreso. En las primeras horas tras la difusión de lo que ya se conoce como “bomba atómica del Planalto”, su propia base aliada salió a pedirle la renuncia.

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La editora jefe de DW Brasil, Francis França

Es un gesto sorprendentemente nítido, dado que hasta ahora muchos errores del gobierno fueron tolerados. La democracia brasileña asiste al blindaje de figuras investigadas por corrupción, a conflictos de intereses y a reformas profundamente impopulares que avanzan a paso firme gracias al apoyo concedido a cambio de favores políticos. Y durante este baile que ya dura más de un año, se sigue hablando sin asombro de la nueva ropa del rey.

Pero hoy, finalmente, quedó claro que el rey está desnudo.  Y esto no debería sorprender a nadie, ya que al final este tipo de negociaciones son moneda corriente en el Congreso desde siempre. Incluso, por lo menos desde el escándalo del Mensalao, son explícitas. El apoyo en el legislativo nunca es gratuito, y generalmente le cuesta caro al contribuyente.

Y ahora, cuando los políticos no se inhiben, ni siquiera en el medio de las investigaciones por la Operación Lava Jato, en pedir sobornos, se pierde la capacidad de dimensionar el estado de podredumbre del sistema. Conforme avanzan las investigaciones, más trabajan los poderosos para garantizar su propia impunidad.

La Policía Federal brindó un vital servicio a la población brasileña al recolectar indicios concretos de las conductas criminales. No son solo declaraciones, son audios y videos. Pruebas. ¡Que haya más operaciones como estas!

Porque ante los hechos sucumben los argumentos. Si el audio que dice “Hay que mantener eso, ¿entiende?” se refiere al hecho de la compra del silencio de Cunha, Temer no tiene otra opción que renunciar. Si no lo hiciera, deberá caer sobre él una sentencia del Tribunal Superior Electoral, que a esta altura ya no debe más sentirse obligado a priorizar la gobernabilidad.

La crisis política ya lleva demasiado tiempo. Brasil necesita ahora encontrar una manera de salir de este callejón sin salida en el que se metió desde 2014. Incluso, las revelaciones que involucran a Aécio Neves (candidato opositor a Dilma Rousseff en 2014) muestran que el destino no habría sido mejor en el caso de que el resultado de las presidenciales hubiera sido diferente.

La democracia brasileña necesita renovar liderazgos, porque ni siquiera unas elecciones en este contexto parecen capaces de liberar al país de la crisis ética en la que se encuentra. Solo una profunda reforma política, con la instauración de mecanismos de transparencia y control pueden revertir este escenario sombrío. Los políticos corruptos tienen que ser castigados por sus crímenes contra el país. Así, dejarán de cometerlos. (O)