La mala tinta que ganó Rafael Correa al enfrentar a El Universo.

Dejar de escribir para quienes nos apasiona desde siempre el trazado de cada letra formando palabras que determinan ideas, conceptos, estados de animo y todo lo expresable a través de este conjunto de lineas con particulares formas es algo casi imposible. Por eso vuelvo a escribir; y vuelvo escribiendo de política porque en estos días este tema hay que tratarlo con pinzas; y ello nos exige mucho más a quienes escribimos.
Para bien o para mal, el Ecuador político del ayer descrito en los medios de comunicación es hoy diferente al Ecuador político del presente expuesto en los mismos. No es puerilidad de tiempo y espacio lo referido. Lo expuesto es un perceptible cambio de época, un cambio de forma y en respetable medida de fondo también. Y el responsable de esto en nuestro país innegablemente es Rafael Correa, el presidente que ha liderado un proceso político criticado con encono por unos y aplaudido a rabiar por otros. Resultado: un país claramente divido en lo político y que en estas horas vive expectante un desenlace en la lucha contra el mayor Diario nacional emprendido por el presidente Correa. Lucha que se tornó emblemática entre 'los unos y los otros'.
El caso Diario El Universo ha dejado perdidas en los dos sectores de nuestro país político. Y sin lugar a dudas, en el bando de Rafael Correa, con él a la cabeza, las perdidas se han vuelto más relevantes. La prensa y la ciudadanía ya venia alineándose al criterio de responsabilidad ulterior. Pocos decían, escribían o hacían las cosas tan ligeramente ya. Había que pensarlo más de una vez. Salvo claro está el ex-editor de opinión de El Universo, Emilio Palacio (el caso más evidenciable y por quién se inició este juicio). El gran error del “mayor diario nacional” fue que a su editor de opinión y articulista a la vez nadie le generaba elementales observaciones en sus escritos antes de publicarlos y que al escribir apasionadamente o con las vísceras, por si solo uno deja de percibir. Emilio Palacio era el filtro de sus escritos; jamás tuvo alguien que le haga entrever la iracundia y el encono personal que destilaban por sus artículos contra el presidente Correa. Algo que un editor juicioso hubiera reparado a tiempo. En fin, amén de esto, ya el Gobierno andaba, de cierta forma, algo tranquilo con el tema prensa y jamás (el gran error) se debió infligir “la estocada final”. Es que el final de este juicio contra El Universo debía ser para el Ecuador el antes y después, el nunca de vuelta a la forma confrontativa con que aún ciertos medios y periodistas -ocasionalmente- le hacían prensa. Ese era el objetivo trazado que se daba a entrever por parte del Gobierno. El Universo era la estocada final contra un periodismo abierta e intencionalmente confrontativo. Bueno eso era lo que creyeron hasta que se dieron cuenta de que perdieron el control sobre “su triunfo”.
En su enlace sabatino este 25 de febrero, Rafael Correa evidenciaba, por más agresivo que se dispusiese, que sentía que las cosas no salieron como esperaba. El caso El Universo se le fue de las manos, se le cayó y al reventarse lo salpicó. Se bañó de tinta. Los diarios más reconocidos del mundo, ex-presidentes, lideres sociales e intelectuales del orbe han escrito o han dado de escribir contra Rafael Correa. El presidente -popularmente se diría- se embarró de mala tinta, de la que mal lo marca para siempre, de la que lo describe con pésimos adjetivos y sobre él vierte los peores conceptos políticos. Frente a esto, este lunes 27 de febrero se viene anunciando que el presidente Rafael Correa dará a conocer mediante carta abierta, al país y a la comunidad internacional su decisión final en el juicio que ganó en nuestro tribunales contra Diario El Universo. Para gran parte de quienes se interesaron por atender todo lo sucedido, diga lo que diga el presidente Correa (este lunes a las 09:00h) ya ante los ojos del mundo que -ocasionalmente- se ciernen sobre este pequeño Ecuador y de los de un respetable sector del país, él perdió y lo peor de todo quedando manchado de mala tinta.