Una más de las millones de historias de dolor que los más indefensos viven


Un suicidio despertó a todos los habitantes de la barriada ‘Justicia Popular’ del sector ‘10 de Septiembre’ de Machala en la mañana de ayer. Vecinos del humilde barrio, expectantes presenciaban alrededor de la 06:45, el ingreso de elementos de la policía de Criminalística a una casa -a la cual la pobreza parece que pronto le hará caer- y de donde se habían escuchados gritos mezclados con llanto desde las 06:00.

“Hasta hoy sufren ustedes”

Al momento del arribo del fiscal de turno junto a los policías, en ‘Justicia Popular’ ya se había corrido la voz que “el vecino nuevo se había ahorcado”.
Ángel Edmundo Mendoza Alvarado (45) había recibido el sol ahorcado de una viga, en un cuartucho del patio de la vivienda donde había llegado a vivir junto a su mujer y sus siete hijos hace ya un mes.
El hombre se había dedicado a libar de manera reiterada en sus últimos años de vida, razón por la cual su mujer Claudia Cárdenas (47) lo habría abandonado hace seis meses atrás. La aturdida mujer indicó que regresó con su conviviente hace un mes y él le había prometido dejar la bebida “por los siete hijos que habían tenido, lo juró”, recordó.
El juramento no se cumplió y la vida de esta pobre familia con hijos que inician de los 18 años el mayor, y la menor de 4 años, era un suplicio para todos sus integrantes.
Mendoza Alvarado en la madrugada del 5 de enero llegó borracho a su casa, alrededor de las 02:00, y pidió que le den una piola o un cabo, luego dijo “hasta hoy sufren ustedes”. Su hijo mayor le facilitó una cabuya y el hombre volvió a salir para luego, tras unos minutos volver a entrar.


Estaba “dormido parado”
“Salió a comprar más trago y a las tres de la mañana se fue hacia atrás al patio. A lo que me levanto, mi hija la más pequeña, me dice que su papá está dormido parado en el cuarto del patio, yo fui a ver y dentro de ese cuarto estaba él, ahorcado”, narró fuera de la morgue del cementerio la viuda, quién agregó que junto a su hijo mayor lo bajaron pero ya “estaba todo morado y con la lengua afuera”.

Mendoza Alvarado era oriundo de Manabí y había llegado hace unos 20 años a Machala y aquí conoció a Claudia Cárdenas –oriunda de Quevedo- ; junto a quien sufriría su pobreza y le haría sufrir su dependencia al trago por más de 20 años, al hacerla su conviviente. “Era cerrajero, hacia eso de soldar cada vez que podía tener trabajo, últimamente no trabajaba y desde Fin de Año se volvió más borracho”, indicó un hermano del ahorcado quien acompañaba a su cuñada, pensando de donde iban a sacar los 100 dólares que le decían costaba la autopsia y toda las diligencias de ley que proceden dentro de estos casos.


Injusticia popular
En el barrio ‘Justicia Popular’, dado que los Mendoza – Cárdenas, habían llegado hace un mes y se los considera nuevos, por ello decían no saber mayor cosa sobre los pormenores que indujeron a la fatal decisión al padre de esta pobre familia.
Dentro de la desvenjecida vivienda de caña, dos pequeñas, las hijas menores del ahorcado jugaban con unos harapos hechos muñecas sin entender lo que había acontecido. Una de ellas guió a los medios de comunicación hacia el cuarto donde su padre “despertó parado”.

Al salir de la vivienda, tras la puerta –como despidiendo a la segunda tandada de extraños que en la mañana habían llegado a su casa- la pequeña, de aproximadamente 6 años, preguntó con la mirada hacia el suelo “si ya van a venir su papá y mamá”. No hubo respuesta. La injusticia es muda.
Xavier Villacís
Machala, enero 2011.