Decadente tiempo


Me detengo y atiendo la indiferencia hacia aquel tiempo. Y al pasar las horas termina pareciéndome que a casi todos les es totalmente extraño. El tiempo del cual casi nada queda se vivió entre episodios de barbaries del hombre y, aún pese a ello, fue también época de mayor refugio en las humanidades. Un tiempo que puesto en sus galas fue orgullo de casi todos. Lo celebrado antaño, al rememorarlo hoy en muchos cae en desprecio o, para ser menos duro, cae en lo bostezable. Alegoría que planteo de la vital pasión, que en cambio, sienten esos 'muchos' por la sepulturera mediocridad de lo sustancial de aquel tiempo: la intelectualidad. Y como buen obstinado, mantengo admiración por aquel hoy ya decadente periodo que yo, no lo viví. Aunque igual me enamoró. Me le acerqué en novelas, cuentos, melodías y películas que lo retrataban. Y ahí terminé envuelto en días, donde por ejemplo, común era atender una reunión de amigos y cualquiera comentaba la última novela leída, y luego otro descubría su admiración por algún cineasta de los años en que Alemania se la identificaba como República de Weimar y tras él, otro más, a lo mejor exaltare a Fellini. Avanzada la plática, Parker al saxofón melo-edificaba tal tertulia, y las mujeres -tercas en su condición- proveían la mesa de centro con vino, queso y otros picadillos, todo ello junto a tazas vaciadas de café. Reunión con tintes cortazarianos dirán unos, pero común para aquel tiempo donde los periódicos y revistas atestadas de buen contenido, más los célebres escritores con sus obras, y melodías de universal aceptación más los filmes de autor, terminaban convertidos todos en asiduos camaradas de vida, de quienes tomaban la posta de las transformaciones sociales, políticas y culturales. Hoy ellos están cansados y pintan canas o terminaron decepcionados en algún panteón con la posta aún en sus manos. Tiempo cansino dirán aquellos de lo cual lo poco descrito les parecerá aburrido. Y he ahí la cabeza de playa de las Invasiones Barbaras. Y si otro enamoradizo de las actitudes de aquel decadente tiempo, se pregunta porqué escribo esto, deténgase -también por ejemplo- en una universidad y atienda hoy una reunión común entre los llamados a ser la vanguardia de toda época y, entenderá la melancolía que pesa sobre mi cuando me detengo a ver la época en que vivo.  
Opinión publicada el martes 4 de septiembre del 2012 en Diario La Hora edición Los Ríos.