El gran ausente


Del autor del Blog: para mejor concordancia de la imagen en 
referencia al texto se realizó el respectivo cambio de fotografía. 
Abrí mi Facebook y lo vi con gafas oscuras, sonriente y ataviado de una informal chaqueta. Subía al avión oficial. Era la foto de partida a sus vacaciones. Asumo que ha de estar feliz en sus últimos días de estadía por Europa. Está junto a su familia y es una ecuación (familia+vacaciones) que por lo general resulta siempre en felicidad. El país ha estado varios días sin su presencia. EL ambiente se respira diferente aunque las cosas no hayan cambiado en nada. La patria chica -como la solía llamar Benjamín Carrión- sigue abocada a una tortuosa revisión de firmas de adhesión y afiliación política. Todos miran al CNE cuando para alegría en unos o indignación de otros se sabe que tienda política vuelve a nacer o cual aún quedó en el limbo del centro de convenciones Quito. ¿Y los responsables? De eso, quienes crearon este entuerto pre-electoral, a lo mejor jamás tendrán sanción. Que decir de la mortal violencia. Nuestra sociedad se está volviendo medularmente violenta. Hoy, desde las discusiones más vehementes hasta las diferencias mas baladís, fácilmente pueden formar parte del torbellino asesino que todos presenciamos. Incluso el Ministro de la Seguridad y, uno de los que -por lógica- más respeto genera entre los violentos (si se meten contra él se meten contra toda la fuerza de seguridad estatal), cayó victima de esta violencia al ser asesinado un hermano suyo. Y así las cosas siguen iguales como las dejó a su partida de vacaciones el gran ausente, pero el aire sabe diferente. Y es que en su ausencia las cosas nos parecen inocuas, aunque no han dejado de ser fraudulentas o crueles a una semana y algo más atrás. El país ha estado viviendo una tranquilidad de consultorio psiquiátrico: nuestros demonios siguen rondando a nuestro derredor pero creemos, recostados en el sofá, estar ilusamente libre de ellos. Ya vendrá de vuelta y el fuego se atizará y los días -aunque jamás dejaron de serlo- volverán a ser iguales. Su trascendencia nos cubrirá mientras expectantes estaremos de sus juicios fulminantes que, tal como Zeus desde el Olimpo, sepultan o glorifican a quién los recibe. Y el Ecuador continuará su día a día como el paciente del psiquiátrico que, al salir del consultorio sigue indescifrable como siempre.