De un lasso que no atrapó a un tigre devorador

A pocas horas de que concluyan 42 días de campaña electoral el bullicio se intensifica junto a caminatas, abrazos y jolgorio político-electoral. Bullicio y bullicio; y de mensajes anclas, ideas contundentes y efectivas, propuestas comunicacionales que cautiven al electorado, poca cosa. En especial de parte de los presidenciales. Claro está, con la salvedad de quién hizo de la comunicación su mejor recurso para cautivar el imaginario popular ¿Que eso lo volvió imbatible? Frente a los actuales oponentes y a sus políticas comunicacionales, todo apunta este domingo que sí.  Y es que los siete retadores que aspiran sacarle a Correa de Carondelet, podrán haber hecho bulla, pero comunicar para cautivar y, con ello consolidarse en la preferencia de los electores poca cosa. En campaña la plata no lo es todo recordé días atrás en mi cuenta twitter. Y menos aún con las limitaciones electorales impuestas (una pelea de un caballo amarrado contra un astuto tigre suelto) donde sumado al estrecho tiempo de pesca electoral se le impone coto al volumen publicitario. Que eso es un limitante decisivo de por si, dirán muchos y para algunos será escudo en la derrota; pero eso del tiempo, del coto publicitario y del caballo amarrado con tigre suelto ya hace fuuu se lo sabia, por lo que tal argumento no defenderá la escasez de ideas, mala asesoría, el tecnicismo electoral europeísta inadecuado para este trópico ecuatorial.  De quien mejor campaña se esperaba le faltó sal, pimienta, ají y faltó dejar de venderse -gastando millones- por libros que otros escribían y pocos leyeron y, tirarse a la calle a oler los gustos y disgustos del pueblo llano. Tanta plata para tan insulsa campaña comunicacional Sr. Lasso. Y del resto de los candidatos no esperaba más, a lo mejor un outsider que en el camino subiese como espuma de Pilsener mal servida para terminar mareando al astuto tigre que se paseó devorando a iluso contendor que se le puso enfrente.