Llantas sobre libros

Hoy como siempre, eso que se mide y se atiende desde un Gobierno a todos por igual poco convincente suena. Basta con atender dos actores del escenario nacional y el trato recibido desde Carondelet para caer en cuenta. Por un lado la transportación y por el otro las universidades. Cierto es que jerarcas universitarios hacían y deshacían con la educación superior como feudo propio, en desmedro de la calidad educativa; como tan cierto que la dirigencia de la transportación poca o nula contemplación tiende a brindar a los usuarios de un servicio de interés tan público como la educación. Y con estos actores los tiempos y tratos 'revolucionarios' son diferentes. En la universidad profesores hoy ven poco seguro mantener su labor ante tanta exigencia académica y sueldos ajenos a los nuevos compromisos. Los más infortunados quedaron en la calle tras cierre de facultades y extensiones. Y aunque -desde el poder- digan lo contrario, también afectaron la economía y entorno familiar de alumnos en provincia que buscarán aún con sacrificios, seguir sus aspiraciones universitarias en otras ciudades. ¿Y la transportación, sus dirigentes? Otro baile. Alegre sólo para ellos.
Porque la cifra de muertes en carreteras no cesa. 6655 vidas perdidas en los dos últimos años en accidentes de tránsito en el país según Justicia vial. ¿Recuerdan eso de que chófer implicado en casos así perdía su licencia de conducir? Ahora la recupera tomando cursos en un sindicato de chóferes y la multa la paga a cuotas. Las escuelas de conducción botan miles de nuevos chóferes cada año a las carreteras y los accidentes en tétrico aumento. La Agencia Nacional de Tránsito se sujeta a tiempos e intereses del agremiado y sus unidades. En subsidios un transportista recibe al mes del estado $1400 y sus jerarcas hoy son asambleístas de la nación. A lo visto, el poder de la transportación superó al de las universidades y resulta mejor en tiempos de 'revolución' ser dueño de bus que sesudo profesor universitario.