Los nuevos correistas

Frente a la actual arena pre-electoral ayuda revisar la historia para entender a quienes, dentro de un abarrotado “correismo”, afanosamente buscan candidatizarse. Demos por hecho que el líder de un país cuando goza de gran simpatía entre su pueblo, la irradia a quién él identifica como de los suyos. Y en una elección popular, a mayor su popularidad, menos trascienden las limitaciones de quién a su lado en la papeleta esté. Es así y, los que ambicionan poder se afanarán por estar a su lado hasta que el idilio del líder con su pueblo dure. Ejemplo, José María Velasco Ibarra. En sus últimos tres velasquismos sobraban velasquistas. Desde comunistas hasta plutócratas decían serlo, mientras gozaron del poder y ganaban elecciones al amparo de Velasco. Pero cuando lo defenestraban decían “si lo vi no me acuerdo”. A Benito Mussolini en sus mejores días su pueblo le idolatraba y, quienes medraban del poder o querían alcanzarlo en Italia, se definían de férreos fascistas. Como la historia recuerda el 'Duce' terminó colgado de pies y ahí nadie se dijo afín a Mussolini. El arribismo prolifera en el poder y entre más fuerte y carismática la figura del líder, más baja suele ser la calidad moral, política y profesional del arribista. Esto se evidencia con facilidad entre algunos nuevos “correistas” en Quevedo y en la provincia. Unos son los mismos que sirvieron -depredando arcas públicas- en administraciones municipales social cristianas. Otros fueron funcionarios gutierristas o, impúdicamente, bailaron por una 'pega' al ritmo de ocasión en gobiernos anteriores. Hasta hay quienes no hace mucho caminaban de la mano, en busca de votos con los más conspicuos derechistas. Todos estos hoy se definen sin el mínimo rubor de “correistas”. Ven en esa identificación vía segura a sus ambiciones. Y a lo mejor confunden (sustentando su afán en tal confusión) al eslogan del gobierno que dice “la patria ya es de todos” y erróneamente -me ratifico creer- asumirán que dice: la plata ya es de todos.