Ley económica de ensueño

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Ley económica de ensueño

En esas fechas, en medio del dolor de la separación, había momentos de alivio, de sonrisas cargadas de tranquilidad cuando el migrante llamaba a casa avisando del envío del dinero ganado por su trabajo y se sabía pronto pagarían deudas, comida, arriendo, escuela. Ese dinero fortaleció el comercio, hizo producir a empresas, nutrió la banca y todos salimos a flote. Ahora prevalece “in crescendo» la angustia de saberse desempleado o temer pronto estarlo, que los negocios cierren y sobrevenga algún imprevisto sin tener como enfrentarlo.

Por eso la tarea a cumplir y que hasta el momento no lo ha hecho este Gobierno, ni ninguno de los anteriores, es buscar también en el pueblo llano los aplausos a las reformas y proyectos de ley económica que llegan a la Asamblea. Me atrevo a soñar: porque no aventurar una especie de “sucretización” paradisiaca a nuestras particulares deudas, así a todos nos llegue ese regalo que la historia recuerda les llegó a pocos en 1983; o permitirnos venderle hasta las tachuelas al Estado como lo hizo aquel grupo cuencano mimado en el correismo.  

Volviendo los pies a la tierra no creo sea pedirle a los asambleístas un imposible incluyan en el debate para su aprobación, junto a las reformas que satisfacen a los grupos de mayores recursos, algo del idílico y denostado proyecto económico del Parlamento de los Pueblos. Como por ejemplo reducir el IVA o drásticamente bajar las tarifas residenciales de electricidad. Así diciembre lo esperaríamos diferente, pensando en un 2020 sin tanta aflicción, con menos impuestos y algo felices porque al fin beneficiaron a todos por igual. (O)

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