Cambio de época

Cuando desde el púlpito sabatino se pregona que vivimos un “Cambio de época”, en muchos aspectos, lo dicho no contradice la realidad. Pero, independientemente del uso que de esta concepción se hace, el mentado cambio es sobre todo un cambio de actitud social. Cambios similares la historia registra previo a la caída de imperios. Por citar, a la caída del imperio de los Césares le influyó la desmoralización de su ejército al pasar de victorioso a decadente, o lo acontecido en la Rusia de los Zares que sucumbió tras el triunfo de su proletariado cuando este tomó conciencia del injusto sistema en que vivían. Ambos, antes que nada, cambios de actitud social.
Hoy se percibe por cada uno de los costados de nuestra existencia una especie de invasión bárbara en las formas y en los contenidos, de los valores y actitudes con que crecimos, por otras que llegan arropadas en nuevas tecnologías, pero con actitudes que nos remontan al medioevo.
Si el siglo XVII es considerado el de la ilustración, el XX fue el que mejor concertó el conocimiento socializando ‘las luces’ a todo aquel que se interesase por la palabra.  Al siglo XX lo caracterizó el apogeo del razonamiento, que por intermedio de la palabra, escrita o hablada,  atendimos a través de diarios, revistas, obras literarias y discursos indelebles para la historia.
Ahora todo nos indica que presenciamos el ocaso de esa época rutilante de ideas. Hoy se lee muy poco lo que ilustra, los que nos vuelve críticos. Las rotativas se detienen para contenidos contrarios al lector actual: un lector básico, menos exigente, cómodo entre las luces de la farándula y el olor del césped. Este lunes en que se publica mi columna en La Hora, como a su momento le sucedió a revista Vanguardia, Diario Hoy dejará de circular en su edición impresa. Medios que pese a destacar en el oficio por su gran nivel de investigación y de opinión respectivamente, sucumben al fragor de los tiempos.
Mientras lamentamos la salida de espacios donde el ejercicio de la palabra ilustra, a este momento, algún bodrio cargado de faltas ortográficas, escrito por un moderno Torquemada, se estará publicando en Facebook y recibirá a renglón seguido miles de “me gusta”. Evidencia implacable del cambio de época que vivimos.

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Foto tomada de Andes Noticias https://flic.kr/p/fJLTEN